Alguien dijo alguna vez que no es más feliz quien mas tiene, sino quien menos necesita.
Desafortunadamente nos encanta necesitar demasiado. Y por eso muchas veces nos olvidamos de disfrutar las pequeñas cosas de la vida, que son a la larga las que la hacen interesante y digna de vivir.
Nos dedicamos a vivir nuestras vidas y a quejarnos porque no son como quisiéramos, a crearnos un sinnumero de necesidades, y a sufrir cuando no las podemos cumplir.
No nos tomamos el tiempo para agradecer (a quien sea, a Dios, a Buda, a Alá o a la Madre Tierra) por la vida que tenemos. Porque estamos vivos. Porque hay muchísimas cosas en este mundo por apreciar, por disfrutar.
Parecería que es muy fácil “disfrutar” de la vida cuando uno está en una posición social y económica un tanto acomodada. Cuando no tiene que preocuparse mucho por si conseguirá algo para comer. Cuando tiene un techo que lo cobije por las noches… sin embargo, increíblemente, muchas personas que no están en esa situación agradecen más el hecho de estar vivas. Tal vez porque les cuesta un poco más conseguir las cosas, o les cuesta más vivir.
¿Por qué tenemos que esperar que las cosas estén mal para darnos cuenta de lo bien que estaban antes?
Ayer fui a ver una película que de verdad se las recomiendo si no la han visto, se llama Saw. Aunque es un thriller, con bastante suspenso, leyendo entre líneas (y pues, no tan entre líneas, porque lo repiten varias veces en la película) tiene un mensaje bastante cierto:

Most people are so ungrateful to be alive, but not you, not any more...