Este fin de semana la hemos pasado remodelando el patio de la casa.
No se si les había contado que el patio de nuestra casa da hacia un parque (si, el famoso parque del lío del agua)... pues bien, los patios de todas las casas (porque vivimos en un conjunto cerrado, pero abierto por atrás... si... yo se... es complicado de entender y mas aun de explicar)... les contaba que los patios de las casas se comunican entre si. Bueno, si y no... hay una pared que llega como hasta la cintura y luego una rejita de madera; el cuento es que se ve de un patio para otro.
Lo que hicimos este fin de semana largo (con festivo incluido) fue quitar las tablitas (que estaban en bastante mal estado) y echar pared hasta arriba. Buscando por un lado mas privacidad y por otro poder decorar un poco más el patio (eso si, después de convencer a nuestras fantabulosas vecinas, de que su pared les iba a quedar perfecta, bien pintada, lisa, sólida y con olor a vainilla... porque hay que ver que esas señoras si son complicadas!). Además subimos un poco el muro exterior (el que da hacia el parque) y cambiamos el enrejado de ese muro.
El problema se nos presentó al momento de escoger los colores para pintar las paredes.
El domingo por la noche estuvimos L y yo casi hasta la 1 de la mañana escogiendo colores... mirando revistas... consultando en Internet... preguntándole a la verdadera Debbie Travis... haciendo una y mil combinaciones en páginas especializadas... hasta que dimos con los tonos que queríamos. (si, es que somos un poquito complicados).
Eso nos hizo acordarnos de una historia...
Hace algunos años, mi papá tenía una venta de muebles de Rattan y Bambú. Y un día fue una de esas señoras encopetadas de la alta alta altísima suciedad (perdón... sociedad) para mandar a fabricar unos muebles únicos y pintados con un color completamente exclusivo... la señora quería los muebles pintados de color fresa en leche.
La única forma de saber cual era ese color fue (si, así mismo)... hacer un vaso de jugo de fresa en leche (y poquita azúcar). Imaginen la cara el pintor cuando le llegaron con un vaso de jugo de fresa en leche (y poquita azúcar) para que hiciera le mezcla de colores para obtener ese tono... Afortunadamente el tipo logró sacar el tono y doña emperifollis quedó feliz y contenta y pagó lo que tenía que pagar (que le cobraron lo que quisieron!).
El domingo por la noche nos acordamos de esa historia... porque después de mirar y comparar y escoger colores nos decidimos por los tonos para pintar las paredes del patio.
Las paredes vamos a pintarlas de color banano por dentro y las columnas color zapote en leche (pero sin azúcar).

Para los que no conocen los zapotes

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Imágenes:
1. http://www.language-stickers.co.uk
2. http://www.calstrawberry.com
3. http://www.deepgreenphotography.com