Somos dueños del mundo
Vamos y venimos a donde se nos da la gana
Hacemos y deshacemos a nuestro antojo
Vivimos nuestras vidas sin preocuparnos de nada
Nada malo nos puede pasar
Somos amos y señores de nuestro destino
Hasta que algo sucede,
cosas que nunca hemos previsto,
porque “solo le pasan a los demás”,
y nos damos cuenta de lo frágiles que somos,
de cuan impotentes nos sentimos,
desprotegidos,
débiles...

Y es en esos momentos
cuando empezamos a recoger lo que sembramos
y nos damos cuenta
de que aunque no somos omnipotentes
no estamos solos
siempre contamos con una mano amiga
dispuesta a ayudar.

El viernes pasado a unas tías de L se les quemó la casa, en unos cuantos minutos perdieron casi todo… menos las ganas de salir adelante con su berraquera y la ayuda de quienes las queremos.