Hace poco más de 5 años estuve en Cartagena de Luna de Miel.

Yo nunca había visto Cartagena como la vi en esos días... su magia me enamoró. Su historia, su mar, sus atardeceres, su zona amurallada, su luna, sus islas.

Luego volví un par de veces en el mismo plan. Plan de relax, plan de romance, plan de caminata por la ciudad vieja por la noche, plan de cocteles con buena música.

Para mi, Cartagena olía a fruit punch y bronceador.

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Hoy estuve de nuevo en Cartagena pero por motivos de trabajo. Al llegar y entrar por la zona de Crespo (creo que por ahí es que uno entra, por donde está el Aeropuerto... si estoy mal que me corrijan los “locales” o sea Jean Po y Klau) lo primero que vi fue agua. Mucha agua. Lagos completos en las calles de Cartagena... es que había llovido, y cuando llueve pasa eso... y la solución es esperar a que el agua se evapore.

Luego llegué a las oficinas de Naviera, en el sector de La Matuna. Y noté que Cartagena ya no olía a Bronceador, y mucho menos a Fruit Punch... ahora olía a mierda. Sip... a pura y física mierda. Porque no se por que extraña razón las calles estaban como asfaltadas con mierda. Mierda que salía de unos gruesos tubos de varios edificios de la zona y cuando pregunté a unos taxistas que por que estaban regando la mierda por la calle solo atinaron a decirme: “ah, es que están limpiando por allá”.

Cuando terminé lo que fui a hacer salí a caminar un rato por la zona amurallada, y ya no me pareció romántica ni rica para caminar a la luz de la luna (o del sol en este caso); porque la ciudad amurallada ahora huele a orines (si, y un poquito a mierda también).

Y esta vez no vi los balcones coloniales decorados con flores de colores... esta vez vi fue los gamines por todas partes y los vendedores de chancletas y cortaúñas y calculadoras y linternas y candados y bolsas plásticas y camisetas y CDs piratas... ah y por supuesto, los (multiples) vendedores de DVDs de películas porno de “colombianas” y de “niñas cartageneras”.

Y mientras esperaba frente al Parque Centenario a que llegara por mi el transporte que me traería de regreso a Barranquilla ya no vi la historia de la Constitución de 1886... lo que vi fue muchas (demasiadas) niñas que no pasaban de los 15 años vendiendo su cuerpo a plenas 5:30 de la tarde y ofreciéndome “una chupada por $5,000".

Definitivamente...

En este mundo traidor
Nada es verdad ni mentira
Todo es según el color
Del cristal con que se mira.

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