A pesar de ser hijo único y de pocos (muy pocos) amigos, siempre he contado con una compañera inseparable: La música.
Desde pequeño estaba conmigo esas largas y calurosas tardes de vacaciones cuando no había con quien jugar. Recuerdo que me acostaba en el piso de la biblioteca y me ponía a dibujar mientras escuchaba montañas de acetatos que había en la casa. Tal vez a raíz de eso es que mis gustos musicales son tan variados… recuerdo que escuchaba rancheras, porros, cumbias, samba, boleros, pasillos y música clásica.
Uno de mis preferidos era un estuche de 12 discos que se llamaba “la música más hermosa del mundo”; una colección de clásicos de la música clásica, valga la redundancia, que venía con biografías de los compositores y una breve explicación de cómo, cuándo y por qué se crearon esas piezas musicales. Esa colección la rescaté de la basura de la casa de un tío que la iba a votar porque “solo hacían estorbo y nadie los escuchaba”.
Mostraba con orgullo mis sopotocientos mil casetes, grabados de discos que había en la casa, o donde familiares y amigos. Con más orgullo se mostraban los casetes de la música que estaba de moda, los cuales eran conseguidos tras horas de estar frente a la grabadora con los botones de REC y PAUSE presionados y listos para grabar apenas empezara la canción en Oro Stereo… (que piedra que daba cuando en la mitad de la canción metían la identificación de la emisora, cierto?).
Por alla en 1988, cuando empecé a meterme en esto de los computadores con un Tandy 1000, empecé a formar mi “colección de música digital". Al principio eran simples tonos creados en BASIC o en Turbo Pascal; luego, con la llegada del Internet, empecé a formar una extensa colección de archivos Midi… (si, recuerdan como sonaba la música de Mario Bross en el primer Nintendo? Pues eran más o menos así). Después de los Midi tuve uno que otro gigantesco archivo .WAV y varios .VOC donde ya se podía escuchar la música más parecida a la real y no ocupaban tanto espacio.
Pero de pronto, un día cualquiera, un primo me presentó un formato de archivo que cambiaría mi vida. El MP3. Y no solo cambió mi vida, sino la de todo el mundo.
Ayer estuve leyendo que un adolescente promedio tiene alrededor de 2,000 canciones en su reproductor de música digital, llámese Ipod o como se quiera llamar. 2,000 canciones es mucho. Hace unos cuantos años una amiga se jactaba de que su papá tenía 25 versiones diferentes de “El Manicero” y las había conseguido con mucho esfuerzo durante toda su vida. En una tarde bajé 19 versiones diferentes de la misma canción por Ares… ahora es así de fácil.
Ahora la música (y en general la información) está tan lejos como hacer click. Ahora es imposible quedarse con las ganas de escuchar o tener X o Y canción; simplemente la bajas de internet.
Yo estoy feliz con mis 17,235 canciones. Estoy feliz con tener desde música de Vivaldi hasta de Calle 13. Estoy feliz con tener toda la música del mundo al alcance de mi mano (o de mi mouse) y poder por fin satisfacer mis más oscuros y extraños gustos musicales.
Estoy feliz de que, si me da la gana, cualquier día puedo escuchar esto… por ejemplo.
*** Punto aparte ***
*. No han notado como lerdo el internet desde que empezó el Campus Party?
*. Campus Party... que envidia...
La imagen fue googleada de aquí.
La canción se llama Charleston y es de Spike Jones










26 jun 2008 | 11:27 PM
Y que me dice de poder ver peliculas que nunca llegarian aqui?? Ah cierto, el Post era sobre musica....
Yo tengo como 20 pico versiones de Moliendo Cafe
26 jun 2008 | 11:38 PM
Me encanta la canción que has colgado; la estoy escuchando por tercera vez mientras te escribo.
Pero..., pero me apasionaron las que subiste en carnavales.
Un beso, guapo.
28 jun 2008 | 12:25 AM
Me dieron ganas de bailar cone se Charleston ;) La musica es vida indiscutiblemente... yo necesito seguir bajando musica, con esta cambiadera de PC que tengo las tengo todas regadas en diferentes discos duros XD
Salu2