Me toca pensar mucho las palabras y expresiones adecuadas para contarles esta historia que “sólo me pasa a mi” porque trata de un tema que a pesar de ser común a todos los seres humanos, siempre se toca con un poquitín de recelo… es sobre… este… a ver… como les digo… sobre hacer del cuerpo. Ir al baño. Devolverle al mundo lo que nos ha dado. O sea… hacer popó.

Y ahí viene la pregunta del millón… como hablar sobre hacer popó sin herir susceptibilidades ni asquear a los lectores más sensibles ni espantar a los que empezaron a leer creyendo que el tema era otro.

Pues sea como sea ahí va… tápense la nariz y a leer.

El tema de la “ida al baño” en mi familia es todo un ritual. Nosotros somos incapaces de hacer la número dos si no leemos algo. Cualquier cosa. Así sean los ingredientes de la crema dental como nos tocó hacer una vez que íbamos de viaje y nos cogió la noche en el camino... el cuento es que el ritual de poposeada y lectura requiere tranquilidad, concentración y tiempo. Nada de ir hacer y salir. No. La vaina hay que cogerla con calma. Y en mi caso particular el ritual tiene un ingrediente extra. Yo no puedo bajarme los pantalones y dejarlos ahí acurrucados en mis piernas. Nop. Me parece que después al subirlos van a estar arrugados de esa forma particular que se arrugan los pantalones de la gente que ha ido al baño. Mi ritual exige quitada completa del pantalón y, en algunos casos, incluso de la camisa. (Dios mio… las cosas que estoy contando!).

Requerimientos como esos hacen que sea casi que indispensable ir al baño únicamente en la casa. Nada de idas furtivas en la oficina, o donde las tías o en un centro comercial… salvo contadas excepciones que casi siempre han ido acompañadas de fuertes dolores estomacales y carrerones para llegar al baño.

Como aquella vez en el Buenavista.

Supongo yo que a todos ustedes algunas vez les ha dado dolor de estomago. Cierto? Y saben muy bien que cuando uno tiene algún daño estomacal intentar contener lo que viene es más o menos como intentar parar una avalancha en los alpes. Ok. Ese día en el centro comercial la avalancha era inminente.

Speedy Gonzalez y Speed Racer me quedaron chiquitos. En menos de un parpadeo había llegado al baño del segundo piso sin tener en cuenta nada. Sin tener en cuenta que no había ni libros ni revistas ni condoritos ni cremas dentales para leer. Sin tener en cuenta que el pantalón se iba a arrugar como se arrugan los pantalones de la gente que ha ido al baño. Sin tener en cuenta que no había papel en el baño.

:S

No, no había papel. Y es que cuando uno no es experto en ir al baño en los centros comerciales no sabe que el papel está en un dispensador grande a la entrada del área de los inodoros y no en las caseticas individuales como tal.

Ahora imaginémonos la avalancha de la que hablamos hace 3 párrafos; e imaginemos que dicha avalancha ya terminó y dejó a su paso árboles derribados, barro, casas destruidas y piedras regadas por todos lados. Y ahí estaba yo. Sentado. Mirando la puerta del bañito en el centro comercial. Y pensando como hago ahora para limpiar los restos de la avalancha si no tengo las herramientas necesarias.

¿Que hago?

¿El pañuelo?

¿El bóxer?

¿El pañuelo y el bóxer?

¿Será que pido auxilio?

¿Será que si pido ayuda algún alma caritativa se conduele de mi y me pasa un poco de papel?

Pero… ¿como pido ayuda? “hey llave paseme un poquito de papel que me quedé sin provisión”? no marica… no me atrevo.

¿Que hago?

Se me ocurrió entonces entreabrir un poquito la puerta para ver si le podía pedir auxilio a alguien. (Que vergüenza) Saco un poquito la cabeza y nada… no hay nadie… pero alcanzo a ver, no tan lejos, el dispensador de papel. No me van a creer pero les puedo jurar que vi un brillo resplandeciente alrededor de él y un coro angelical cantaba el aleluya Haendel!

Y así fue.

Al mejor estilo de Matrix saqué las piernas del pantalón. Abri la puerta. Corri hasta el dispensador y, mientras todo a mi alrededor se detenía, agarré la punta del papel y en menos de un milisegundo estaba de nuevo dentro del bañito con la solución a mis problemas en mis manos.

Sobreviví.

Solo espero que en el Buenavista no hayan cámaras de seguridad en los baños.


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El título del post es cortesía de Maya.

La canción recomendada es Para hacer pipí, para hacer popó de los Famiositos.

Sólo me pasa a mi es marca registrada de la señorita Maria()

Las imágenes las saqué de aquí y de acá.