Ayer volvió Consuelo.

Hace más de 3 años no la veía.

Todo empezó al poco tiempo de haberme casado; habrían pasado como 2 meses cuando los vi por primera vez. Yo despertaba a mitad de la noche y ellos estaban ahí. Eran varios. Difusos. No me determinaban. Simplemente estaban ahí.

La primera vez que los vi no supe que eran. Eran sombras. Estaban en el cuarto pero no nos determinaban, simplemente estaban ahí, o pasaban por ahí. Después de verlos por un par de segundos, desaparecieron. Sobra decir que me asusté terriblemente. Me corrió un frio estremecedor por todo el cuerpo y no pude volver a dormir.

Después de un par de días pasó nuevamente. Esta vez las sombras ya eran personas. Sus formas estaban más definidas. Fueron noches horribles, de mucho miedo. Miedo de abrir los ojos cuando me despertaba a media noche y volverlos a ver.

Pasaron los días y las imágenes seguían apareciendo. Casi siempre eran las mismas "personas" habían 2 hombres vestidos como de enfermeros, una mujer alta y flaca con un vestido largo como de fiesta y una mujer bastante entrada en años de cabello cano y recogido y mirada triste.

De tanto verlos les perdí el miedo. El proceso era casi siempre el mismo: yo despertaba a mitad de la noche, tal vez por su presencia, miraba a mi alrededor en el cuarto y ellos estaban ahí. Los enfermeros casi siempre estaban caminando. A veces era como que simplemente pasaban por el cuarto; los veía caminar a través de el y salir por la pared. La mujer alta estaba casi siempre mirando a la pared. Cuando yo despertaba y la veía ella volteaba, me miraba y desaparecía. Se difuminaba con las sombras de la habitación y su imagen se disolvía lentamente.

Pero con la mujer mayor era diferente. Ella casi siempre estaba mirando hacía la cama. Mirándome a mí. Un par de veces me despertó un frío en mi pierna y al abrir los ojos la ví sentada en el borde de la cama con una mano en mi pierna. Me miraba. Y su mirada infundía tranquilidad. Paz. A diferencia de los otros ella demoraba un poco más en desparecerse cuando la veía. Por eso me atreví a perderle el miedo. Por eso me atreví a intentar interactuar con ella. A averiguar quién era, que hacía ahí, y ver si es que quería decirme algo.

Nos mudamos de casa y ella volvió a aparecer allá. Me miraba con ternura. Algunas veces la veía de pie junto a la cama, como cuidándome. Mirándome.

Ya yo la miraba sin miedo. Ya demoraba más en desaparecer. Fue entonces cuando intenté acercarme a ella, tocarla, hablarle.

Una noche cualquiera desperté y la vi a mi lado. Me senté en la cama y le dije: “¿qué quieres?” y con una voz sumamente dulce me respondió: “No te preocupes, soy Consuelo”.

Y desapareció.

Y no volvió.

Eso fue el primero de Noviembre del 2,004.

Ayer volvió Consuelo.

Me miró, sonrió y me dijo: “No te preocupes, no me he ido”.