En estos momentos, y sin ánimos de ser alarmista, estamos prácticamente ante una emergencia como nunca antes se había presentado en este país del sagrado corazón.

Resulta que anoche un camión que transportaba un montón (en algunas partes dicen que 90 en otras que 96) de canecas de cianuro, cayó al río Magdalena. Mientras les cuento esto, aun no se sabe si las canecas se rompieron, si se regó mucho poquito o nada de cianuro al río, pero ya se decretó la restricción de consumo de agua de los acueductos que se surten del río en Cesar, Bolívar, Atlántico y Magdalena.

Apenas se corrió la voz de que acá en Barranquilla iban a quitar el agua y que supuestamente era por 4 o 5 días (en caso de un vertimiento del químico en el río) se armó el trepaqueseube de gente comprando recipientes para almacenar el preciado líquido y asaltando las estanterías de los supermercados para comprar agua embotellada.

Acabo de llegar de Home Center donde fui a comprar un par de tanques para el agua y el pasillo de plomería (donde están los tanques) parecía una zona de guerra... gente gritando y empujándose por coger los tanques más baratos, empleados montados en gigantescas escaleras bajando y bajando tanques mientras la gente se arremolinaba abajo esperando conseguir el suyo antes de que se acabaran.

En Carulla escena no fue muy diferente... me tocó presenciar como una señora le arrebataba a otra una garrafa de agua brisa de las dos que llevaba porque “con una es suficiente y ella también necesitaba llevar una a su casa y ya no habían mas”.

Si alguno de ustedes vio Armageddon o Impacto Profundo sabrá de que estoy hablando.

Aun no está confirmado que alguna caneca se haya reventado, pero estamos en alerta amarilla (por llamarlo de alguna forma). No quiero ni pensar en lo que pasaría en este pueblo en caso de que realmente se reventara una de esas canecas, no solo por el consumo de agua, sino por el impacto que eso tendría en la fauna, en la flora y en la agricultura de la región.

Dios nos ampare y nos favorezca.

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