Si señores... no hay mas nada que ver.

Fueron cuatro días en los que la ciudad se convirtió en otra.

Mucha música, mucho ñato, mucho licor, mucha rumba, mucha diversión, mucha espuma, mucha alegría (¿o alergia por la espuma?), muchos turistas, muchos disfraces, mucho descontrol... en fin, mucho carnaval.

Pero este año fue diferente para mi. Completamente diferente. Y es que este año no hice ABSOLUTAMENTE NADA relacionado con el carnaval. Y no es que yo sea el propio rumbero que se enlaguna los cuatro días y regresa a casa el miercoles con una cruz de ceniza en la frente para pedir perdón... ni el bailador empedernido que se gasta tres pares de zapatos bailoteando de viernes a martes... para nada. Pero me gusta el carnaval. Me gusta mucho el carnaval... así sea para ver los mismos disfraces y las mismas comparsas y el mismo desorden de todos los años (que por cierto, según medio leí en el periódico, este año no estuvo tan desorganizada la cosa) a mi me gusta asistir a cuanto acto del carnaval se puede. Si bien tengo varios años que no voy a palco (por los inalcanzables precios) siempre me gozo mi carnaval.

Pero este año no.

Este año me dediqué a ser papá 100%. Y fueron cuatro días de películas, juegos, carritos, peleas, globos, trampolines, piratas, helados, balones, colores, dulces y juguetes. Claro está que entre los planes estaba ir al menos a un evento de carnaval con el pequeño Juanpi, pero como anda medio agripado, mejor evitar que se complique la cosa.

Eso si... estoy seguro que los que se bailaron la batalla de flores completica no acabaron tan cansados como yo... o me estoy poniendo viejo o este pelaito tiene demasiada energía.

Pero bueno... se acabaron los carnavales y volvemos al trabajo.

 

 

A descansar....

 

Mariana: te quedé debiendo las fotos, pero el link del ñato es la canción más popular de este carnaval: El Mama-rón.

 

La foto la encontré aquí.