Cómo aplicar el champú
- Moja el cabello.
- Échate una nuez de champú en la mano y aplícatelo en el cabello.
- Añade un poco de agua y masajea con suavidad. Insiste en algunas zonas presionando con algo más de fuerza con las puntas de los dedos a cada lado de la cabeza, en la parte de arriba y baja hasta la nuca. Este tipo de masajes activan la circulación.
- Aclara y vuelve a aplicar una gota de champú para lavar bien el cabello por segunda vez.
- Vuelve a aclarar con abundante agua: primero con agua caliente y luego con agua tibia.
- Termina con un chorro de agua fría que cierra los poros de las raíces y aporta brillo.

Así se debe aplicar el champú según las amigas de enfemenino.com para garantizar una buena lavada del cabello. Yo me pregunto cómo harán los pastores para garantizar una buena lavada del cerebro a sus fieles.

Ayer tuve una discusión teológica con un compañero (al que llamaremos Aaron para no llamarlo Moisés) como hace rato no tenía.

Todo empezó porque mi jefe le ofreció una boleta para la rifa de un portátil, a lo que Aaron respondió diciendo que él no podía participar en rifas y juegos de azar. Cuando le pregunté por qué no podía comprar la boleta se limitó a responder que porque no, porque el Señor lo prohibía. Y yo pregunté... ¿por qué rayos prohibiría el Señor comprar una boleta para la rifa de un portátil, si por ejemplo los fondos recogidos se destinarían a ayudar a los niños pobres que tienen hambre y moscas en la cara? Y bueno, empezó una de esas discusiones sin final que suelo tener con los acérrimos defensores de sus creencias religiosas.

Según Aaron, la Biblia prohíbe los juegos de azar porque Judas vendió a Jesús por unas monedas de plata, que después quiso devolver y los del sanedrín no le aceptaron porque ese era dinero maldito, y que por eso Judas fue se ahorcó. Aja... y ¿qué tiene que ver el caldo con las tajadas? Pregunté yo. Porque no es la primera vez que me pasa, que cuando uno le pregunta a alguno de estos personajes (léase Evangélicos, Testigos de Jehová, Pentecostales o incluso Católicos extremistas) siempre se van a la Biblia y con citas exactas recitan capítulos completos que la mayoría de las veces no tienen nada que ver con lo que uno les pregunta, pero es que seguramente y al mejor estilo de los Jedis, con esa técnica logran manejar las mentes más débiles.

Aaron siguió con su "predica" hablando ahora del Alfolí (el que no sabe que es que lea aquí) y de cómo los soldados romanos jugaron a los dados la túnica de Jesús cuando lo colgaron de la cruz. Aja. ¿Entonces el Señor prohíbe los juegos de azar de puro envidioso? Claro, como los soldados se jugaron mi ropa a los dados, entonces ahora yo les prohíbo jugar para que se jodan. Al llegar a este punto Aaron ya empezó a hablar más fuerte, a citar más versículos de la Biblia y casi que hablando en lenguas dijo que ellos no podían jugar juegos de azar simple y llanamente porque no querían condenarse.

- ¿Y por qué se iban a condenar?

- Porque el Señor lo prohíbe. Así como prohibió a Adán y Eva que comiera de la fruta del árbol del conocimiento.

- ¿Entonces es que el Señor es un Dios caprichoso que dice no puedes jugar esto o esto otro y no puedes comer patilla simplemente porque a mí se me da la gana?

- No, porque no puedes tomar todo al pie de la letra.

Y esa es otra vaina que gusta hacerles notar a estos amigos. Cuando les conviene toman lo que dice la Biblia al pie de la letra, pero cuando no les conviene ahí si toca aprender a interpretarla. A mí no me gusta tragar entero. Si la alguna religión prohíbe o recomienda algo, y yo pienso seguir esos preceptos, al menos me gustaría saber el por qué de la prohibición o de la recomendación... digo yo acá, cierto?

  • Que no puedo usar aretes. ¿Y por qué? Porque los aretes son pertenencias terrenales que no dejan que tu alma suba al cielo. Ok. Es una explicación un tanto ridícula, pero al menos es una explicación y ya sé porque lo hago.
  • Que la mujer no puede cortarse el cabello. ¿Y por que? Porque el cabello es un manto natural que le dio Dios para que se cubra. Ok. Válido. Tienen una explicación.

Pero decir que no puede jugar juegos de azar por el simple hecho de que el Señor lo prohíbe y no tener ningún tipo de explicación lógica para esto, me parece una soberana tontería. Para completar el amigo Aaron nos contó que el problema en sí no radica en participar en el juego de azar, sino el pagar dinero para participar o el recibir dinero o algún bien material por haber jugado. Ajá... pero ¿por qué? Ah... porque el Señor lo dice. Sorry. Así no juego yo. Si voy a hacer alguna pendejada porque me lo pide mi religión, al menos me gustaría saber en qué se basan.

Ah, pero es que se me olvidaba. Las religiones se basan en la fe. Y como decía mi abuelo: "Fe es creer en lo que sabemos que no es cierto".