Me encanta viajar por tierra.

Recuerdo que de pequeño viajábamos todos los años en carro a Bucaramanga. Salíamos madrugados y desayunábamos en Aracataca unos sanduches horrendos y huevo cocido frio con café con leche ordeñada del infierno, pero aun así me encantaba. Con el tiempo aprendimos a desayunar en Ciénaga, arepa de huevo, caribañola, empanadas... la verdad no se por que no lo hacíamos antes... seguramente eran vainas de mi mamá que era medio complicada con la comida de la calle.

Después del desayuno eran casi 5 interminables horas de carretera, amenizada con buena música y divertidísimos juegos como: "el que más camiones Mack rojos vea" y cosas por el estilo mientras llegábamos a "Inturco" a almorzar carne (seguramente de burro) asada con yuca vieja... bueno, la verdad no siempre almorzamos en Inturco, en una época encontramos un restaurante de un argentino que luego se quemó y otras (muchas otras) veces almorzábamos SPAM o salchichas de tarrito o atún con zanahoria y pendejadas así.

Lo que más me gustaba del viaje, era cuando saliamos de la sabana y el paisaje empezaba a cambiar. En lugar de pastos había montaña. En lugar de amarillo había verde. Y en lugar de calor empezaba el fresquito de la tarde.

Viajábamos a Bucaramanga, a Bogotá, a Medellín, a Cali, a Popayán.

Con el paso de los años se fueron complicando los viajes al interior del país. Empezaron a aparecer los buses quemados en la carretera. Empezaron a aparecer los peajes dinamitados. Empezó el temor de los retenes y las pescas milagrosas. Empezó el miedo cuando dejábamos de ver venir carros en sentido contrario.

Y de pronto... sin darnos cuenta... estábamos secuestrados en nuestra propia ciudad... y se acabaron los viajes por tierra al interior del país.

Un día cualquiera llegó un presidentico (y llegó para quedarse, aparentemente) y "replegó a la guerrilla" y llenó las carreteras de ejército y tanques y organizó rutas seguras y volvió a promover el turismo por tierra y nos sacó de la casa y nos llevó por las carreteras para volver a conocer el país. (que sea o no lo único rescatable de Alvarito no es tema de este post, así que no me trolleen los comentarios please... digo... si es que comentan).

Volvimos a viajar por tierra. Volvimos a comer arepa con huevo, volvimos a ver cambiar el amarillo por verde, volvimos a saludar a los otros viajeros compañeros de camino, volvimos a parar a tomar fotos en cuanta pendejada nos daba la gana.

Este año, después de muchos años voy a volver a Cali. Un viaje largo con una parada de 3 días en Medellín. Muchas horas de camino. Muchas papitas, platanitos y Coca Cola. Muchas paradas a tomar fotos. Muchas, muchas, muchas fotos.

Razón tenia el viejo Alberto cuando dijo que el tiempo es relativo.

Hoy estamos a 3 de diciembre y acá en el trabajo todo el mundo está comentando lo rápido que se está yendo este mes. "Nojoda!! Ya estamos a 3??" Y mientras tanto yo pienso... "wow... apenas es 3?"

De verdad que estos primeros días de Diciembre, van a ser los 12 días más largos de la historia... seguidos, seguramente, por los 22 días más cortos jamás vistos.