En todas partes hay leyendas urbanas.

Según Wikipedia (que parece haberse convertido en nuestra fuente de consulta obligada para cualquier duda que tengamos), una leyenda urbana es un relato perteneciente al folclore contemporáneo que, pese a contener elementos sobrenaturales o inverosímiles, se presenta como crónica de hechos reales sucedidos en la actualidad. Algunas parten de hechos reales, pero éstos son exagerados, distorsionados o mezclados con datos ficticios.

Podemos poner como ejemplo de leyenda urbana local, la famosa historia de la novia de puerto que varias versiones ha tenido y a pesar del paso de los años sigue vigente. Otro ejemplo clásico es la del famoso chupacabras, leyenda que salió de Puerto Rico y see extendió por casi toda centro y Suramérica.
Sin embargo, aquí tenemos un par de leyenda urbanas bastante peculiares y dignas representantes de nuestra cultura macondiana.

Hace un par de años, la ciudad se vió inundada de pinzas de madera de esas que se usan para colgar la ropa. Prácticamente en cualquier esquina del centro de barranquilla se podían encontrar ordas de vendedores ambulates vendiendo montañas de estas pinzas de madera. La pequeña diferencia, es que la gente no estaba utilizándolas para el fin que fueron fabricadas. No. La gente las estaba utilizando para ahorrar energía.

Si. Esa misma cara hice yo cuando me enteré de esta extraña práctica... resulta que según la leyenda urbana, si se colocaban estos ganchos de madera en los cables de cualquier electrodoméstico, el consumo de energía de este se vería considerablemente reducido.

Procedimientos para conseguir el tan deseado ahorro hubo muchos... que se colocaran varias pinzas en el cable para que la corriente eléctrica pasara con más dificultad (y por ende se consumiera menos); que se debían colocar alternados, uno para un lado y otro para el otro cada cinco centímetros en el cable; que se debía enrollar un poco el cable y agarrarlo con las pinzas; que el cable debía enrollar formando una especie de solenoide para producir un campo magnético que sería el encargado de generar el ahorro... incluso se llegó a decir que la empresa suministradora de energía eléctrica en la ciudad estaba multando a las personas que encontraba con estos ganchos en los cables de los electrodomésticos... supongo que para darle mas credibilidad al asunto, después de todo a electricaribe "no le convenia" que la gente pagara menos por consumos de energía.

Y aunque mucha gente juraba y rejuraba que el ahorro era real y que habían hecho pruebas con multímetro a bordo, de un momento a otro la fiebre pasó y las pinzas de madera fueron desapareciendo poco a poco del programa de ahorro de las familias costeñas.

Ultimamente he observado que Barranquilla está siendo invadida por otra de esas leyendas urbanas típicas de la ciudad. Vean esto...

Si. Son botellas plásticas de gaseosa llenas de agua colocadas en los jardines cerca de los árboles.

¿La finalidad de esas botellas? Evitar que los perros hagan sus necesidades en el jardín.

Según los entrevistados por el equipo investigativo de Lucas por Dentro y por Fuera, esta práctica no es nueva y las explicaciones al por que los perros evitan hacer pipí y popó en los jardines adornados por estas botellas, van desde que se ven reflejados en el agua y se asustan hasta que tienen miedo de mojarse si tumban la botella.

Yo la verdad no se. No me he puesto a mirar si los perritos huyen despavoridos al ver la botella en el jardín y prefieren orinar para adentro, ni me he puesto a oler la grama a ver si huele a orín de perro. El punto es que poco a poco los jardines de mi cuadra se han ido llenando de botellas de refresco llenas de agua.

Seguramente dentro de un par de meses la fiebre pasará y será remplazada por alguna otro locura urbana y entonces volveremos a tener tema para escribir en el blog, diferente a Las Cinco del Viernes.