Yo soy flaco.

Si bien antes era requeteflaco y ahora lo soy un poco menos, sigo siendo flaco; y aunque me está saliendo una barriguita que me hace parecer una lagartija preñada, sigo siendo flaco. (menos mal que esa se baja con un par de semanas de pilates).

Si. Soy flaco, pero si yo engordara en proporción a todo lo que como, estaría como un tonel. Afortunada (o desafortunadamente) mi organismo trabaja de alguna forma muy peculiar y me permite tragar cualquier cantidad de cosas que engordan y seguir (casi) como si nada.

Aunque esta sociedad le permite a los hombres engordar sin que pierdan puntos, yo creo que si mi metabolismo no se comportara como lo hace, me cuidaría de no parecer un marrano y sería más cuidadoso con respecto a la comida. Ahora solo me cuido de vez en cuando, porque ajá, los años no vienen solos y toca estar pendiente de los triquiñikis y el colestecoso.

Normalmente son las niñas las que están más pendientes de las dietas, de andar sumando calorías y contando harinas para saber que pueden y que no pueden comer; y se inventan cualquier cantidad de dietas: que si la de la piña, la del atún, la del limón o la de perucho (comiendo poco y tirando mucho). Y estas niñas dietistas, muchas veces llegan al extremo de verse gorditos por donde no los tienen y se privan de grandes placeres como un buen balde de crispetas con coca cola cuando van al cine. Recuerdo una amiga que en cine se tomaba media dasani al clima con una lonja de jamón pietran... de por Dios... si la mitad de la diversión del cine son las crispetas!

He visto niñas pedir pizzas vegetarianas. Comer perros calientes sin salsas. Las he visto negarse el placer de un brownie con helado para que no les salgas llanticas... y todo eso es entendible. Pero lo que si es total y completamente inadmisible es que se cometan sacrilegios como el que presencié en El Corral el lunes pasado. Creo que todos hemos disfrutado de una deliciosa y jugosa Corral al Carbón, cierto? Con una coca cola bien helada y papitas bañadas en salsa de tomate, constituyen un sencillo y exquisito manjar... pues bien... el fin de semana fui testigo de la forma más cruel de asesinar una deliciosa comida como la anteriormente mencionada. La señorita Maya, que supongo está a dieta, tuvo la osadía de pedir una hamburguesa sin pan.

¿Una hamburguesa sin pan? Eso es más o menos como una pizza sin la masa. O una Coca Cola sin gas. Al principio pensé que era mamadera de gallo, pero por poco se me salen los ojos de la sorpresa cuando veo que en un platico le entregan un par de hojas de lechuga, una rodaja de tomate y la carne. WTF!! Por qué mejor no pide una ensalada!?!? Digo... Mayita, en el Corral también venden ensaladas!!

Si. Hay que cuidarse. Las grasas, el azúcar y todas esas cosas que son tan ricas, a la larga resultan dañinas para el organismo; y aunque cuando estamos jóvenes promulgamos aquello de que "si nos vamos a morir, pues vámonos enfermando", lo cierto es que con el tiempo todo eso sale. Si todos lo sabemos, pero no hay que exagerar!! NO HAY QUE EXAGERAR!!