Hoy un amigo me hizo una confesión.

Después de muchos rodeos, y de medio arrepentirse un par de veces de confiarme lo que en un principio me quería contar, por fin se decidió a confesarme su oscuro y terrible secreto.

"Viejo Lucas", me dijo, "me gusta la gorda."

Y me lo contó como quien cuenta la cosa más vergonzoso del mundo. Como quien cuenta que tuvo que hacerle sexo oral a un orangután. Como quien cuenta que votó por Santos.

"Si hermano... me gusta la gorda. Desde que entré a trabajar aquí, antes de que la gorda medio adelgazara. Esa gorda me mueve el piso"

Y es que la gorda no es una gordita cualquiera... no es por ejemplo como Drew Barrymore cuando estaba gordita. No... esta gorda no es una gorda rellenita. Es una gorda gorda! A ver... le gorda era más (mucho más gorda) pero logró rebajar como 70 kilos y sigue siendo gorda.

Y no es que tenga nada en contra de las gordas. Para nada. Cada cual tiene sus gustos y entre gustos no hay disgustos. Si bien los medios, la publicidad y la sociedad quieren meternos por los ojos que ser flaca, de grandes y redondos senos, de nalgas firmes y cintura de avispa es la única definición admisible de belleza, hace unos cuantos años, el patrón de belleza era completamente diferente; basta con mirar algunas pinturas renacentistas para darnos cuenta de que una mujer bella de esa época sería considerada una mujer gorda en nuestros días, incluso algunos dirían que un ícono de la belleza como la Venus de Urbino de TIziano está algo pasadita de kilos.

La famosa obra de teatro "Gorda" ("Fat Pig" en inglés) toca el tema de una manera muy incisiva; contándonos la historia de Tomás, un apuesto ejecutivo que se enamora de una gordita, tierna y cariñosa, que lo enamora gracias a su arrolladora personalidad. La relación del yuppi y la gorda tiene entonces que enfrentarse a los mordaces comentarios y ataques de los amigos de Tomás e incluso de su despampánate exnovia. Y es que estamos acostumbrados a ver a las gordas con gordos, a los feos con feas y a los negros con negras. Si por cosas de la vida vemos una pareja mezclada, en seguida nos llama la atención y nos preguntamos "que hace ese man con esa gorda" o que "hace esa vieja con ese negro" (bueno, a lo de la vieja con el negro le encontramos la explicación casi que inmediatamente).

Si las relaciones se basaran menos en lo que vemos y en lo que nos quiere imponer la sociedad, seguramente durarían más. Si nos fijáramos más en si la chica comparte nuestros mismos intereses e ideales y en su personalidad más que en su abdomen y sus tetas las cosas irían mejor.

Mi amigo no se ha atrevido a decirle nada a la gorda simplemente por el "qué dirán". Igual el tiene su novia y la gorda está sola.

Tranquilas amigas gorditas. Así gorditas y todo se les quiere y siempre habrán hombres a quienes les importen más ustedes que su figura.