Martin era un tipo normal.
Tenía un trabajo más o menos bien remunerado dentro de una economía en decadencia. Un cargo directivo no tan alto y no tan bajo dentro de una organización multinacional. Si bien no estaba muy feliz con la ciudad a la que lo había trasladado la compañía, se esforzaba al máximo y dirigía a los demás empleados de una manera tan armónica, que su sucursal era una de las que mejores índices manejaba en el país.
Martín era un tipo normal.
Estaba felizmente casado con una excelente mujer. Inteligente, trabajadora incansable, excelente madre, esposa y compañera, culta y de muy buena familia. Martín y su esposa tenían un matrimonio normal. Más que normal podríamos decir que era visto como ejemplo por muchos de sus conocidos. Como ejemplo, porque a pesar de las agotadoras jornadas de trabajo que ambos manejaban, siempre se les veía radiantes y con tiempo para dedicarse mutuamente.
Martín era un tipo normal.
Tenía una hermosa hija. Una pequeña de rizos castaños que era por quien Martín vivía y moría. A punta de trabajo y perseverancia había logrado matricularla en uno de los mejores colegios de la ciudad y brindarle todas las oportunidades y comodidades que él no tuvo durante su dura infancia.
Martín era un tipo normal.
Tenía una amante 15 años menor que él con quien lograba cumplir sus más alocadas fantasías sexuales. Una fiera en la cama que lo hacía sentirse de veinte nuevamente y quien lo ayudaba a descargar toda la tensión del día a punta de sexo oral, masajes eróticos y una alocada faena de sexo dos veces por semana.
Martín era un tipo normal.
Tenía los amigos necesarios, bien escogidos para evitar que lo abandonaran cuando los necesitaba. Salía con ellos de vez en cuando a tomarse unos tragos, jugar billar, hablar mierda y arreglar el mundo en dos horas.
Martín era un tipo normal.
Había pasado por cualquier cantidad de problemas. Había superado estafas. Había quedado prácticamente en la ruina una vez por culpa de un socio que abusó de su confianza. Había enfrentado el dolor que ver morir a un familiar por culpa de la violencia que azota este país de mierda. Había levantado una empresa que estaba a punto de cerrar gracias a su dedicación y perseverancia. Había salido adelante a pesar de haber tenido una niñez extremadamente dura.
Martín era un tipo normal.
Tal vez por eso fue tan sorprendente e inesperada la decisión que tomó.
Tal vez por eso nadie esperaba que reaccionara como lo hizo. Ni sus familiares, ni sus conocidos, ni sus amigos más cercanos, ni sus jefes, ni sus colaboradores.
Porque Martín era un tipo normal.
Martín era el tipo más normal que conocían.
Por eso nadie podía creer que Martín tuviera un blog.